Cuidar a un ser querido o trabajar: la dura realidad para muchos californianos

(BPT) - Trabajar para sobrevivir es una realidad en el caso de gran parte de los californianos, especialmente aquellos que tienen a su cargo niños pequeños o padres ancianos. Y ante esa situación, es inevitable que en un momento determinado habrá que dejar de trabajar para cuidar a un familiar que necesita ayuda. Además, como evidencia la reciente pandemia de la COVID-19, muchos californianos no tienen acceso a programas que contribuyan al equilibrio de las responsabilidades cambiantes de trabajo y cuidado de un ser querido. Sin embargo, existe una norma particularmente vital—en tiempos de crisis y normales—el Permiso Familiar Pagado (Paid Family Leave, en inglés).

El permiso familiar pagado no solo protege a las familias que necesitan atender a uno de sus miembros gravemente enfermo. También les da a los padres que trabajan la oportunidad de crear vínculos afectivos con su hijo recién nacido. Y los investigadores de todo el mundo están de acuerdo en esto: el tiempo dedicado al vínculo afectivo con el padre o la madre le da al bebé recién nacido mejores posibilidades de una buena salud y un futuro exitoso. El uso del permiso familiar pagado está asociado también con altos índices de lactancia materna, e índices más bajos de mortalidad infantil.

De 41 naciones desarrolladas, los Estados Unidos es el único país que no ofrece permiso pagado universal. Como reconocimiento de que ese vínculo afectivo padres-niño es un imperativo del desarrollo, otras naciones desarrolladas les proporcionan a los trabajadores un promedio de seis meses de permiso con protección laboral luego del nacimiento o adopción de un niño. En el 2004, California se convirtió en el primer estado de la nación que promulgaba una política propia de permiso familiar pagado. El programa de seguro, financiado en su totalidad por los empleados con deducciones automáticas de sus nóminas, provee a los trabajadores con el 60 o el 70% de sus salarios habituales hasta por seis semanas.

Para su sorpresa, muchos empleadores californianos—quienes, por supuesto, no aportan ni un centavo al programa—se han beneficiado enormemente con el permiso familiar pagado. El uso del permiso familiar pagado ha mejorado la confianza y la productividad del empleado, reducido la rotación del personal, y promovido el crecimiento del negocio.

Lamentablemente, el potencial completo de los niños, empleados y empleadores de California no se aprovecha en gran medida.. Muchas familias se han visto obligadas a elegir entre el trabajo y el cuidado de un ser querido. En el 2017, solo el 50% de las madres elegibles, y el 25% de los padres elegibles utilizaron el permiso familiar pagado. Esto se debe a que el marco operativo del programa que ya cuenta con 15 años de existencia, no beneficia a una abrumadora porción de la población. Al no contar con protección laboral explícita, muchos trabajadores se sienten muy atemorizados de usar el permiso familiar pagado por miedo a perder el trabajo, o ser rebajados de categoría a su regreso. Además, numerosas familias no podrían pagar por sus necesidades básicas luego de un recorte salarial del 30 o el 40%.

California, reconocida como la quinta economía más importante del mundo, tiene realmente los recursos para una mejor protección de las familias e invertir en el futuro de nuestros niños, perfeccionando el programa de permiso familiar pagado. Para materializar esta urgente necesidad, un grupo creciente de organizaciones se han incorporado a la campaña estatal “Strong Leave for Strong Families”. La nueva iniciativa está dedicada a la movilización de los californianos para garantizar que se escuchen sus opiniones con referencia a las propuestas que surjan durante el proceso presupuestario y legislativo de California. ¿La sencilla solicitud de los integrantes de la campaña? Un programa de Permiso Familiar Pagado que beneficie a todos los californianos.

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